lunes, 20 de enero de 2014
El mismo capullo de siempre.
¿Cuanto se supone que es una eternidad? Una eternidad es mucho. Demasiado. Una eternidad es el tiempo que necesito. El tiempo que necesito para sacarte de aquí dentro, para mandarte fuera un tiempo. Una eternidad es el tiempo que llevo enamorada de esa sonrisa que mata, desarma, impresiona. Sonrisas que matan. Tus sonrisas. Sonrisas que me hacen volver atrás, volver a aquellos días. Aquellos días, qué días. Aquellos días donde me decías 'te quiero' y me decías tonta y me prometías cosas que ni tú creías. Aquellos días donde yo me creí todo lo que me decías, tus falsos 'te quiero', tus falsos corazones y tu falso amor. Falsas promesas. Tres meses duraron. Los 'para siempre' se los llevó el viento. ¿Acaso miento? Tus palabras no demostradas las arrastró una ola, de viento, de agua, de rencores ajenos. Quién sabe si quizá algún día vuelvas aquí, si me encontrarás donde me dejaste. Aquí, sentada, esperando tu sonrisa. Quién sabe si podré volver a quererte igual. Quizá ya lo hago. Sí, sigo enamorada, del mismo capullo que me rompió el corazón.
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