martes, 26 de noviembre de 2013

Te pasa, ¿verdad?

Lo quisiste tanto que no sabías cómo actuar el día que se fue. Lo quisiste tanto que te dormías llorando, ¿o acaso me equivoco? ¿me equivoco al decir que llorabas y llorabas, y esperabas y esperabas a que volviese? No, no me equivoco. Esperabas que regresase algún día, pero nunca llegó ese día, y el problema es que sigues esperando, aun sabiendo que ese día no va a llegar. Nunca. Pasó página, porque no fuiste más que un capítulo de su vida, una ficha en su juego. Era su juego, y bien lo sabías, pero elegiste jugar. Elegiste que jugase contigo, con tus sentimientos. Porque tú sentías, sentías y sentías. Pero él nunca te quiso, chica, lo sabes. Solo fuiste un juego. Olvídate de él ya. ¿A que no paras de repetirlo en tu cabeza? Pero por más que repites la misma frase, al final te acaba sonando tan estúpido que no sabes como parar las lágrimas que van resbalando una a una por tus mejillas. Mejillas rojas, ojos más rojos aun, y lagos. Lagos de lágrimas. ¿Me equivoco? No, no me equivoco. Al igual que tampoco me equivoco cuando digo que al leer esto vas a sentir algo en tu estómago, y quizá alguna lágrima te nuble la vista. Quizá. ¿Sabes qué? Tú lo tienes tienes todo. Eres una chica lista, pero te enamoraste como una idiota. No puedes olvidar. De verdad que lo intentas y no puedes. Te pasa, ¿verdad? No miento, te pasa. Cada noche lloras recordando esos momentos que te daba, esas sonrisas y esas palabras que te decía. Y es que él te hablaba y te alegraba el día, la semana, el mes, la vida. Y sé que no miento porque lo he vivido, y se pasa mal. Muy mal.

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